En esta época tenía ya un estudio propio y había forjado el estilo que caracterizaría su trayectoria artística. Rechazaba la búsqueda de la belleza al estilo de los clásicos o del Renacimiento y en sus obras buscaba tan sólo la expresión de una energía interior. Desde 1930, la figura yacente y la maternidad se configuraron como sus dos temas preferidos, a los que se añadieron más tarde las pequeñas cabezas y los grupos familiares.
En 1934, Moore comenzó a excavar cavidades en los materiales y, a partir de 1940, cavidades y masas poseen prácticamente la misma importancia, en una búsqueda de complementariedad entre forma y espacio. Poco conocido fuera de su país hasta mediados de siglo, el Premio Internacional de Escultura de la Bienal de Venecia, recibido en 1948, lo proyectó a nivel internacional y, en lo sucesivo, recibió innumerables encargos, muchos de ellos para exteriores, lo que le llevó a aumentar el tamaño de sus obras.
La piedra en los inicios y el bronce después fueron sus materiales preferidos. Es considerado uno de los escultores más importantes del siglo XX y una de las principales figuras artísticas del Reino Unido contemporáneo.


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